Emilio Silvetti, nacido en Tucumán, fue graduado de la Escuela Normal de esa ciudad en el año 1882, siendo miembro fundador de la Sociedad Sarmiento, un espacio de sociabilidad literaria integrado por alumnos, maestros y egresados de las dos instituciones educativas nacionales más importantes en la mayoría de las provincias donde no había universidad: la Escuela Normal y el Colegio Nacional.
Llegó a Jujuy a finales de la década de 1880, donde tuvo una activa participación y empeño en el ejercicio de sus funciones, al ocupar diversos cargos.
Lo nombran vocal del Consejo de Educación de la Provincia, integrándose en el trabajo, junto a hombres con experiencia, como el profesor Aníbal Helguera, siendo nombrado al poco tiempo Inspector Nacional de Escuelas.
Por su desenvolvimiento, su predisposición y celeridad en solucionar los temas que analiza, luego fue nombrado presidente del Consejo por el gobernador Pedro Álvarez Prado.
Ante su formación docente comienza a recopilar antecedentes, para lograr el dictado de funciones, creando un Reglamento armonizado con un Plan de Estudios en Educación, el que tuvo importancia aplicándose en la provincia de Jujuy, durante años.
Su espíritu inquieto lo lleva, además de su función en educación, a ser invitado a presentar escritos que fueron publicados en el primer diario creado en Jujuy por el Dr Macedonio Graz, conocido como "El Orden".
Sus ideas pedagógicas sirvieron de base para debatir sobre el normalismo, el laicismo y la organización escolar de la provincia.
Lo rescata Rubén A Barros en su libro de "Cien años de educación pública en Jujuy": adaptado al medio educativo jujeño, al referirse a Silvetti por sus condiciones de organizador creando un ámbito de debate con nuevas interpretaciones que muchos no compartían.
Este pensamiento, trajo como resultado que la publicación de Irice que fuera una revista académica que se distribuía semestralmente, editada en Santa Fe, por el Instituto Rosario de Investigaciones en Ciencias de la Educación, dependiente del Conicet y la Universidad Nacional de Rosario, difundiera lo que sucedía en el noroeste, con una investigación histórica clave sobre la burocracia educativa.
Nace en el entendimiento que los profesores de educación media no debían estar autorizados a acumular otros cargos con la idea de profesionalizar la educación y el ministro Magnasco, en la presidencia de Roca, emite decretos naciones de incompatibilidad en cargos como el decreto fundacional de diciembre de 1898.
El argumento nacional era claro: los funcionarios no contaban con tiempo material para atender la docencia y ser secretarios o inspectores simultáneamente lo que resiente la calidad educativa. Esta interpretación trajo tensiones de gran significado. Muchos involucrados en el trabajo docente, levantaron su voz por entender que no debía existir incompatibilidad y lo dijo Silvetti: "No deben existir problemas en la superposición de tareas docentes y administrativas", entendiendo que esta interpretación del ministro Magnasco no debía avanzar por estar equivocada. Y al seguir el ministro manteniendo su postura, obligó a declinar a sus cargos a muchos docentes, dejando rispideces significativas.
Silvetti, Arroyo, Helguera Sánchez, Agustín Borus y muchos más no veían contradicción ocupar en simultáneo actividades en el aula y en el campo administrativo. Convencidos, la defendieron en el entendimiento que el verdadero progreso de una provincia, se lograba si los más capacitados controlaban la enseñanza con un diseño de leyes que sirvieran para un mejor desempeño.
En estos desencuentros a Emilio Silvetti, lo reconocieran en su liderazgo, marcando otro concepto opuesto a Magnasco.
Tan importante fueron las posiciones, en ese periodo que, ante la coyuntura política, y la tensión entre el decreto del ministro Magnasco y problemas en el campo educativo, el Gobierno de la Provincia de Jujuy lo colocó al mando de la Municipalidad de la capital como un gesto de apoyo a su criterio.
De acuerdo a lo que dice Félix Infante en su "Libro de los Intendentes" figura ante la renuncia presentada por el Dr Manuel Padilla, asume sus funciones como presidente del cuerpo Emilio Silvetti dado que era el presidente de la Legislatura, para tomar las riendas del municipio capitalino en forma transitoria por dos meses en el año 1925 (mayo/julio).
Si bien el tiempo que estuvo al frente fue breve, significó un reconocimiento a su postura que la Provincia compartía. "No debía existir inconvenientes para que un docente pueda cumplir otras funciones administrativas en la medida que no descuide la enseñanza".
Con el tiempo, el conflicto se superó siendo clave la manifestación diferente en la provincia de Jujuy. Silvetti pasa a ser profesor y luego rector en el año 1913/1922 del Colegio Nacional lo que, de alguna forma se reconoce que su criterio y planteamiento no estaba equivocado.
Pero esta designación en el Colegio Nacional tiene una característica importante: fue el primer docente con título de profesor normal en la historia del establecimiento, lo que fue reconocido como "patriarcal profesor", y luego rector al desempeñarse en esas condiciones. Su lucha en defensa de pensamientos de avanzadas no fue equivocada.
Entre otras funciones que cumplió, fue diputado entre los años 1910 y 1920, llegando a ser presidente de la Legislatura de Jujuy en los años 1924 y 1926; en el Gobierno de Benjamín Villafañe y en varias oportunidades, ocupó el cargo de gobernador interino de manera temporal ante las ausencias de Villafañe. Y en esta función buscó mantener la estabilidad administrativa, firmando decretos de partidas presupuestarias urgentes para el orden público, mediando en los conflictos de la burocracia estatal, aplicando su histórica experiencia en el manejo de instituciones.
Bien vale este reconocimiento a un docente que ejerció su cargo en base a conceptos claros y consolidados en distintos aspectos que resulta conveniente tener presente. (Autoría Fernando Zurueta).