Después del Día de la Mujer retornó a Jujuy para el 4º Encuentro Nacional de Mujeres de Malvinas en coincidencia con las actividades por el Éxodo Jujeño...
Es el cuarto encuentro que hacemos en distintas provincias, siempre con estas mujeres tan valiosas que son hermanas, mamás, hijas de veteranos de guerra, museólogas, pintoras, escritoras, todas dedicadas y trabajando para que la gesta de Malvinas esté siempre presente.
Usted lleva esto en carne viva al haber estado ahí en 1982, y sus posteriores gestiones para que le reconozcan a las mujeres el papel fundamental que tuvieron en Malvinas...
Nosotras somos 16 veteranas de guerra, seis somos personal civil del Ejército: instrumentadoras quirúrgicas, nos ofrecimos para ir como voluntarias a la Guerra de Malvinas; estuvimos en Puerto Argentino durante 10 días a bordo del buque "Almirante Irízar" que estaba armado como buque hospital, curando a nuestros soldados, atendiéndolos y haciendo la contención emocional. Por eso los veteranos vivimos Malvinas todo el año y en el caso de nosotras las mujeres siempre fuimos reconocidas desde el principio pero nunca fuimos visibilizadas o con mucha difusión de todo lo que fue nuestro accionar en Malvinas.
¿En qué etapa está esa visibilización, a 44 años de la guerra?
Todavía estamos en una etapa de lucha, cuesta mucho hacer visible nuestra función, somos muy pocas. De las veteranas de guerra solamente dos somos las que salimos a dar charlas por el país, así que esa visibilización, por parte sobre todo del periodismo, nos cuesta mucho aún.
¿Qué cualidades debían tener?
Yo soy instrumentadora, trabajaba en el hospital Militar Central, soy hija de militar; y entonces cuando uno tiene sus valores patrióticos, sus valores en cuanto a su profesión y en cuanto a que me he criado con esos camaradas: entonces tenía compañeros de jardín de infantes, de la Primaria, de la Secundaria que estaban en Malvinas. Amén de lo que es nuestra profesión; nos tocó hacer de enfermera, de psicóloga, un poco de hermana, de mamá y escucharlos y contenerlos.
¿Y eso cómo la marcó?
Malvinas para los veteranos de guerra es un antes y un después. Nunca volvimos a ser los mismos. Yo tenía 23 años. A nosotras nos dieron tres horas para decidirnos. En mi caso me cambió completamente la vida, me corté el pelo, nunca más lo volví a tener largo; en esas tres horas me peleé con mi novio que no quería que vaya; me preparé las cosas y en esas tres horas me decidí a irme.
¿Cómo fue volver?
La vuelta fue mucho más complicada para nosotras, al ser menos siempre fue invisibilizado nuestro accionar. A pesar de que estábamos en un buque con más de mil hombres, nosotras seis: ellos siempre son los héroes y nosotras somos un papel secundario.
¿Pero ellos lo verán así o se muestra así?
Todos los hombres lo ven así, incluidos los veteranos de guerra. Nos cuesta mucho esa visibilización porque como en todo: la mitad de los veteranos te quiere y te respeta y te incluye dentro de sus actividades y la otra mitad dice que cuando vos vas a curar no es lo mismo que el soldado que va a pelear. Yo creo que las bombas no reconocen si uno es personal de sanidad, de Artillería o de Infantería; y no reconocen si uno es hombre o mujer. Así como corrieron peligro los hombres que estaban en el Irízar, es el mismo peligro que tuvimos nosotras que estábamos ahí, junto con ellos.
¿Y con ese novio que tenía no volvió? ¿Cómo armó su vida?
Con ese novio no volví. Cuando regresé yo ya era otra persona, conocí a mi marido tres años después, formé una familia: tengo cuatro hijos y un nieto. Después seguí trabajando 45 años en el hospital Militar Central hasta que me jubilé hace unos meses. Así que soy la única que siguió trabajando y la única que siguió en contacto con sus pacientes. O sea los pacientes que atendí en el Irízar, conocí a sus esposas, fui a sus casamientos, conozco a sus hijos y ahora a sus nietos.
¿No tiene fantasmas que la sobrevuelen y por eso pudo seguir tantos años en esa actividad?
Creo que el haber elegido ir a Malvinas, eso te hace tomar el haber ido de otra forma. Vos vas a cumplir con tu profesión, vas entusiasmada porque vas a vivir algo que elegiste vivir, es distinto al soldado que va ordenado. Y después depende mucho del carácter de cada uno, de la resiliencia y de la contención familiar que tuvo cada uno. Algunos nos hace bien hablar, venir y contar nuestras historias y hay otros que aún hoy a casi 45 años no pueden hablar ni con su familia de lo que vivieron.
Hay que respetar todo...
Claro. Cada uno creo que tiene sus tiempos, más o menos todos empezamos a hablar casi 10 o 15 años después de volver de Malvinas. Porque nos costó acomodar en nuestra cabeza lo que habíamos vivido. En el caso de nosotras eso también se unió con que nos casamos, tuvimos nuestros hijos y recién cuando esos hijos estuvieron acomodados nos pudimos dedicar a esto de no dejar que la imagen de la mujer en Malvinas desaparezca.
¿A las nuevas generaciones qué les deja como mensaje?
Primero dejar el mensaje para la juventud del compromiso con la Patria, de los valores, de todo lo que es el respeto por nuestros símbolos patrios, nosotros en un principio cuando íbamos a dar charlas íbamos a Malvinizar a los chicos en las escuelas y ahora vamos a Argentinizar porque tenés que hacer hincapié en lo que es la Patria, lo que son los símbolos patrios y eso en estos últimos años se ha perdido un poco.
¿Y la bandera en el Mundial?
Primero ganar ese partido contra Inglaterra fue muy fuerte. Y mostrar esa bandera, ante todos esos años de diplomacia intermitente que tiene la Argentina por los cambios de gobierno, nos facilitó el hacer visible que las Malvinas son argentinas en el mundo. La sanción es así porque les ha dolido a los ingleses.