La Escuela N° 280 "Maestro José Ricardo Estani" de San Bernardo, departamento de Tumbaya tiene en la actualidad cuatro estudiantes que son el alma de la institución.
El jueves llegaron a San Salvador de Jujuy para hacerse controles médicos en coordinación con el Ministerio de Salud de la Provincia, ocasión que los Padrinos Rurales, Voluntarios Jujuy aprovecharon para recibirlos y agasajarlos con múltiples actividades.
Entre ellas visitaron El Tribuno de Jujuy donde contaron -primero tímidamente- sus experiencias, su día a día, sus gustos y expectativas.
A Yésica Quirós, Fátima Soto, Malena y Kiara Peñalva las acompañaron los egresados Ruth y Benjamín Quiroga que hoy cursan el nivel Secundario en Ocloyas. También el padrino rural, Juan Vilca y la mamá de dos estudiantes.
En sus rostros fue evidente el entusiasmo de ingresar al el edificio y más aún por la travesura de haber subido todos por el ascensor. Es que horas antes ya se habían animado a usar las escaleras mecánicas del shopping para ir al cine.
La charla empezó un poco incómoda por el silencio causado por la timidez de, de repente, charlar con una persona desconocida. Pero con el pasar del tiempo, se fueron soltando y demostrando cada una su personalidad, traviesa la de algunas y muy reservada la de otras.
Contaron que a diferencia de otros estudiantes ellos permaneces internos en la escuela de lunes a viernes y solo los fines de semana están con sus familia. Esta modalidad se debe a que la escuela se encuentra muy alejada de las casas, por lo que demorarían varias horas en ir y volver.
Sin embargo, expresaron que no cambiarían por nada la tranquilidad del lugar donde crecieron pese a que en medio de la conversación quedaron a la vista diferencias muy grandes con la ciudad.
En San Bernardo no tienen luz eléctrica pero sí paneles solares, tampoco las familias tienen televisores (aunque alguno que otro afortunado, si), por lo que la mayoría se informa a través de la radio y de los celulares que algunos tienen.
Pero lo que allá si tienen es silencio, calma y seguridad. Juan Vilca, que visita la escuela una vez por año junto al resto de los padrinos rurales, comentó que en San Bernardo las familias no cierran sus puertas con llave y cuando dejan una herramientas afuera de sus casas permanecen ahí por días.
Una situación que ellos mismos valoran por sobre cualquier cosa. Ante la pregunta ¿Qué es lo más les gusta de su comunidad? y ¿Qué es lo que cambiarían de ella? Fátima dijo que los animales, los caballos, las vacas y los chivos.
Por su parte, Kiara dijo que disfruta las materias especiales de la escuela y Yésica sueña con estudiar Plástica y tiene entre sus juegos favoritos está "el torito", un tacho de metal sostenido con cadenas que está en la placita de la escuela.
Pero Benjamín lo resumió de una manera más profunda y con otro valor: "No cambiaría nada, el campo está bien. Hay una paz mental grande comparada con la ciudad". Es que tanto Benjamín como su hermana Ruth de niños vivieron un tiempo en Mendoza, y teniendo muy presente los pro y los contra, elige ante todo la "paz mental".
Actualmente, van a la secundaria en Ocloyas porque en San Bernardo solo hay nivel primario. Y si no sabrá de distancias Benjamín, que cuando una vez por mes debe trasladarse desde el campo de sus papás al colegio debe pagar el traslado en camioneta, un viaje de unas tres horas en vehículo y de más de seis horas caminando.
En algunas ocasiones pudo hacer ese trayecto en bicicleta, prestada. Por eso, el padrino rural aprovechó la ocasión para poner en aviso a la comunidad sobre esta necesidad. Por su parte, la mamá presente hizo saber también una inquietud de una de las maestras: "Una seño nos dijo que necesitan tapers para guardar cosas en la heladera y también ollas pequeñas para cocinar".
Detalles que ayudarían a hacer de su estadía en la escuela un tanto más práctica. Ya que todas las estudiantes coincidieron en que no cambiarían nada ni de su escuela ni de su comunidad.
La visita a esta ciudad que comenzó con almuerzo agasajo (hamburguesas con papas fritas y ensalada de fruta de postre), paseos, cine y finalizó con una merienda en el parque San Martín (donada por una señora) y una entrega de regalos por el Día del Niño en Arde Roma, todo organizado por los Padrino Rurales, dejó también un mensaje para quienes tenemos totalmente naturalizadas las bondades con las que contamos en nuestra cotidianeidad.
No todo lo valioso se encuentra en la ciudad. A veces también está en la tranquilidad, en el silencio, en los animales, en el campo y en esa paz mental que ellos valoran tanto al punto que no la cambiarían por nada.