Hacer periodismo político siempre una tarea difícil en la Argentina, ya que los poderes de turno muchas veces se acostumbraron a culpar al mensajero antes que hacerse cargo del contenido de sus mensajes.
Día del Periodista: "No hay mejor regalo que poder ejercer la profesión con libertad e independencia".
Sin embargo, en los últimos dos años y medio, el ejercicio de la profesión se tornó aún mucho más complejo, ya que desde el Presidente de la Nación hacia abajo se acusó a los cronistas de "ensobrados", de voceros del apocalipsis y se repitió de forma permanente una frase que causa escalofríos: "No odiamos lo suficiente a los periodistas".
El periodismo es uno de los trabajos más nobles que tiene la democracia argentina, teniendo en cuenta que su función es informar las cosas buenas que ocurren en el país, pero también las que otros buscan esconder o silenciar.
Este último caso es el que predomina en la relación que mantiene Javier Milei con el "95%" de los periodistas y analistas políticos, a quienes considera "delincuentes", señala que están "envenenados" y denuncia que están financiados por "intereses políticos y extranjeros".
Vale aclarar que el otro 5% al que hace referencia el mandatario es el que suele actuar de vocero del mandatario y el que se mantiene despojado absolutamente del espíritu crítico que obliga a un ejercicio serio de esta profesión.
Afirmar que Milei es el único jefe de Estado que atacó directamente al periodismo es algo absolutamente irreal, ya que en todos los gobiernos anteriores se registraron tensiones que cortaban el aire con un alfiler. Basta recordar cuando Néstor Kirchner acusaba a Clarín de "estar nervioso", cuando Cristina señalaba a los periodistas de la democracia de haber defendido la dictadura, cuando Mauricio Macri fue acusado de impulsar despidos masivos en los medios públicos o cuando Alberto Fernández llegó a declarar que en Argentina existía un "abuso desmedido de la libertad de prensa".
Todos esos agravios y confrontaciones se dieron en el plano de las palabras, pero desde la llegada de Milei a la presidencia se pasó de los dichos a los hechos.
Por primera vez en la historia argentina se cerró la sala de periodistas de la Casa Rosada con el insólito argumento de una campaña de espionaje protagonizada por un canal de televisión.
La denuncia, claro está, fue archivada por inexistencia de delito por la Justicia en tiempo récord, pero eso no alcanzó para que los cronistas acreditados en Balcarce 50 puedan realizar su trabajo de la forma en que lo hicieron siempre.
Al día de hoy, solo pueden circular de la sala de periodistas hacia el baño y no pueden manejarse con libertad por los pasillos de la Casa Rosada, impidiéndole a la sociedad enterarse de detalles clave como quién entra y quién sale de los despachos de los funcionarios, una información que toda la vida fue pública y que ahora no se puede comunicar.
En el Día del Periodista, que se celebra cada 7 de junio, no hay mejor regalo que poder ejercer la profesión con libertad e independencia, le guste a quien le guste.