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Una vida marcada por el arraigo profundo en el barrio

Jorge Hernáez fue un reconocido vecino, deportista y quien dejó anécdotas en un libro que escribe su hija Viviana.
Sabado, 27 de junio de 2026 00:00
FAMILIA HERNÁEZ | JORGE HERNÁEZ -3º DE IZQ A DER- CON SU ESPOSA E HIJOS. DE FONDO, EL SIGNIFICATIVO ASCENSOR URBANO.

El día 20 de junio es una fecha conmemorativa para la historia argentina por ser el Día de la Bandera Nacional y una oportunidad de resaltar el valor por mantener la argentinidad viva como eterno homenaje del paso a la inmortalidad de su creador, el General Manuel Belgrano. Es así que en distintas instituciones se efectuaron actos protocolares alusivos que reafirmaron la promesa a la enseña patria o ensalzaron la idea del prócer en dependencias comunitarias.

Esto es lo que sucedió en el barrio General Belgrano, desde el centro de participación vecinal junto a entidades educativas y deportivas que se reunieron para celebrar el aniversario número 86 como comunidad en una kermés, donde las familias compartieron momentos de calidad con diferentes actividades. Fue en este marco donde se destaca una historia tan especial como motivadora, que tiene como protagonista a Jorge Hernáez, un vecino que vivió en primera persona -casi en simultáneo- el crecimiento del barrio que lo vio nacer.

Y es que la vida brinda sorpresas que se comprenden en aprendizajes que quedan plasmados en el corazón y en la memoria; un mensaje que estuvo siempre en el pensamiento de Viviana Hernáez, hija de este referente y quien recordó cómo fueron los orígenes de su padre en un barrio donde el progreso estaba en su primera etapa.

ETERNO AMOR | MARÍA ANTONIA Y JORGE HERNÁEZ EN LA CIUDAD AÑO 1962.

En tiempos de 1930, la ciudad de San Salvador de Jujuy era distinta a lo que se puede apreciar en el presente. Pero en ese momento, las familias de inmigrantes ya buscaban su lugar en puntos cercanos al centro para establecerse y vivir.

Fue así que la familia Hernáez se situó por debajo de la avenida Fascio, a la altura de calle Lamadrid a orillas del río Grande.

"Era una finca, era todo campo. Ahí se instalaron los bisabuelos míos -abuelos de mi padre- Cayetano Hernáez y Manuela Yorqui que vinieron de Logroño, La Rioja, España; se instalaron en esa zona. Ellos se conocieron en el barco rumbo a América por la hambruna europea, eran harineros y trabajaban en un molino", expresó al iniciar su relato, Viviana Hernáez.

En aquél tiempo, "El Bajo", como fue llamado el barrio, era territorio a conquistar por ser un lugar que con el paso de los años, vivió una evolución sorprendente.

"Cuando nacía el barrio Belgrano, mi papá también a su par. Él lo vio desde los primeros años; crecer, estudiar, trabajar, hacer su familia, producir con su trabajo y envejecer. Mi papá vivió los cambios y el desarrollo en general, hasta pudo llegar a ver el ascensor urbano", expresó Hernáez.

"Mi padre hubiera cumplido 86 años con el barrio. Por eso siempre que cumplía años en casa teníamos triple festejo también por el Día de la Bandera y por Manuel Belgrano. Mi papá es como el pionero, como el padre del barrio", indicó Hernáez con nostalgia por la ausencia física del pilar de su familia, quien partió al reino de los cielos en agosto del año pasado.

"Hay un montón de anécdotas, incluso hace tres años que se cumplen de la apertura del ascensor urbano que él llegó a ver en el proceso de construcción", reveló.

Así es que la historia de su vida está latente en el corazón y la mente de su familia porque le encantaba contar anécdotas de sus tiempos de niñez y juventud.

EN BICICLETA POR RUTA - 1958

Una muy recordada fue la que compartió con su abuela Manuela, mientras la acompañaba al médico de calle Balcarce, hacia donde tenían que caminar ya que no habían escaleras alrededor del año 1945.

"Tenían que subir a la avenida, pero ellos iban por una cuesta, de a poco. Él acompañaba a su abuela, por ser el mayor de los nietos. En ese entonces tenían que ir en diagonal o sea, dos cuadras. Ella se cansaba y se sentaba en una piedra a descansar un rato, para después seguir. Mientras tanto mi papá, volaba con la imaginación. Y le decía; 'cuando sea grande, voy a construir una cometa para que vos no te canses, para que subas a la avenida y yo te lleve hasta el médico'", comentó.

"La abuela le dijo que eso no existe", contó Hernáez. Y ochenta años después de esta anécdota, él con sus ojos logró ver cómo fue una realidad el ascensor urbano casi, en la puerta de su casa.

"Siento que fue un visionario, por supuesto, no lo hizo él pero tuvo la visión de construir algo que ayude a los viejitos y no se cansen al subir a la avenida", destacó.

Esta anécdota se encuentra escrita en el prólogo del libro que se encuentra en edición por Viviana Hernáez, un relato que quedó grabado a fuego en su mente con la emoción intacta de cuando lo escuchó por primera vez. "Para nosotros es un lujo porque hicieron el ascensor sobre calle Storni o sea, estaba en la casa de ellos y al lado de la misma vereda está el ascensor", indicó la hija orgullosa de su padre que fue un visionario, mecánico dental y ciclista reconocido.

Criado con una buena base de valores humanos, fue alumno en la escuela "Juanita Stevens", se formó como autodidacta en mecánica dental y fue un ciclista que recorrió el país en torneos y carreras; supo contemplar la vida como un alma libre pero siempre en compañía de su esposa María Antonia Brito - "Peti".

Hoy el legado de su existencia está en las páginas de un libro que se encuentra en manos de su hija Viviana, una tarea a la que ella dedicó los últimos meses del recordado deportista.

Si bien fue dirigente de ciclismo, después incursionó con las motos y a pesar de tener un problema ocular, no se dejó caer y siempre mantuvo una actitud positiva ante las circunstancias, aún días previos a su partida.

ABANDERADO | JORGE EN UN ACTO PARA EL DÍA DE LA ENSEÑA PATRIA.

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