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Los jesuitas en Jujuy

El trabajo realizado en ese entonces en tantos lugares debe ser reconocido no solo en nuestra provincia.

Lunes, 18 de mayo de 2026 00:00
ILUSTRACIÓN | LOS JESUITAS DURANTE SU PASO POR LA REGIÓN NORTE DE NUESTRO PAÍS, ANTES DE SER EXPULSADOS EN 1767.

El legado de los jesuitas en nuestra provincia es abordado en este artículo por nuestro columnista destacado Fernando Zurueta. "El descubrimiento de un nuevo mundo en América, con habitantes que se manifestaban con culturas diferentes, dio lugar a buscar paradigmas con enormes sorpresas en cuanto a los trabajos a realizar en el futuro. Lo que querían los españoles fue la consolidación del dominio y tener presencia mediante la conquista de territorios con otro factor tan importante como la fe católica en estas tierras y convertir a los indígenas al cristianismo.

Toda esta actividad se centra ante la Bula dictada por el papa Pablo III en el año 1537 que dispuso a: "todos los efectos legales que los indígenas eran hombres" de manera tal que no debía realizarse la diferencia entre ellos. De esta forma todos eran iguales y no debían explotarse en los nuevos territorios a sus habitantes, aunque en la práctica no fuera así.

La Iglesia católica debía tener un fin primario. No solo debía pensarse en una conquista territorial sino en la evangelización de los pueblos. Qué mejor entonces que una orden religiosa preparada que cumpla varias funciones que no sean solo la de evangelizar sino educar y organizar territorios.

Y fundar por Ignacio de Loyola en el año 1540, la Compañía de Jesús, para lograr la evangelización, educación y defensa de la fe católica en la época de la reforma protestante dio sus resultados que con una capacidad intelectual fuerte eran los que obedecían directamente al Papa especializándose en educación y facilidad en el aprendizaje de lenguas indígenas. Se entendía eran los más aptos para el fin perseguido.

Se radicaron en el año 1607 y los jesuitas ingresan con la idea de creación de un colegio secundario en Córdoba lo que lo lograron llamado Colegio de Monserrat que a la fecha continúa con su fin y manteniendo su prestigio.

Por supuesto, que como todo principio no fue fácil, y así los encomenderos en América sometieron a los indígenas en tareas por demás ingratas. Les daban trabajo, pero el trato no era igual para todos produciéndose abusos.

Cuando se menciona nuestro territorio se cita el trabajo realizado por el padre Victoria quien convoca en la provincia del Tucumán a los jesuitas que ingresaron a trabajar con fe y deseos de apoyo. En el año 1585 se los encuentra en zonas alejadas en provincias de Santiago del Estero y Córdoba.

¿Y es bueno preguntar qué pasó en lo que sería nuestro territorio norteño con la fundación de Jujuy en el 19 de abril de 1593? Se logró una participación activa en el aspecto militar y civil, con el acompañamiento de lo religioso en un rol importante que se conoce entre varios antecedentes del Boletín del Instituto de Investigaciones de la Facultad de Filosofía y Letras de Buenos Aires. Se menciona al padre Juan Fonte, superior de los Jesuitas del Tucumán como responsable de la parte religiosa.

Sin pretender pensar que lo dicho es genuino es importante dar valor a la documentación existente narrada por escritores notables en que entre tantos está Zorreguieta, Vergara y los actuales como el escrito de "Los jesuitas en América" de Enrique Cruz o los trabajos de Alicia Fernández Distel, Viviana Conti, Antonio Paleari y su grupo de investigadores, Martha Montalvetti. En "Apuntes históricos" de Mariano Zorreguieta se sabe que el padre Fonte al salir de Salta fue a Jujuy en calidad de capellán de sus fundadores, y fue el ejecutor en las ceremonias que celebraba en una plataforma que servía de iglesia cómo nace del informe brindado por Miguel Ángel Vergara en "Orígenes de Jujuy".

El doctor en Historia y Antropología Enrique Cruz hizo un trabajo por demás interesante al referirse a la instalación de los jesuitas en Jujuy por medio del Hospicio de San Roque y las estancias de San Lucas y de San Borja, en una instalación efectiva en la región. Todo este sistema jesuítico se termina de completar con la fundación a mediados del siglo XVIII de la reducción de San Ignacio de indios tobas en pleno Chaco jujeño. Y continúa el profesor Cruz dando dos problemas de interpretación que surgen de la lectura histórica de las fuentes y de la literatura sobre el tema. Una es el carácter de la muy mencionada donación que reciben los jesuitas de Jujuy: la estancia de San Lucas. La otra es el sentido de la reducción jesuítica de San Ignacio de indios tobas. Respecto de la estancia de San Lucas, la pregunta es si la "estancia" se trata fundamentalmente de ganado, o de si es un establecimiento productivo. En la declaración que se toma de los enjuiciados y condenados por la rebelión toba de 1781, se define como estancieros a los que crían ganado, ya sea en tierras propias, arrendadas o simplemente sin dueño declarado.

Y haciendo referencia a los jesuitas en Jujuy: se convirtieron en propietarios de tierras en la zona de Río Blanco con el fin de construir molinos hidráulicos. En Los Molinos figura la primera existencia del molino de trigo en que se elaboraba el pan. Fue en la época de Francisco de Argañaráz donde comenta el padre Miguel Ángel Vergara que en ese entonces en la cercanías de la ciudad el día 2 de enero de 1594, Argañaraz como fundador, da unas tierras a Francisco Falcón un retazo de la playa del río Grande desde el límite de lo que era suya hasta la casa de los jesuitas en Los Molinos, con el fin de construir molinos hidráulicos para la molienda de trigo y la producción de harina con la idea que funcionen como centros productivos clave para la región y el autoconsumo.

Los jesuitas no tuvieron reducciones estables, pero si trabajan ayudando a los guaraníes. Su labor se enfoca en tareas de evangelización y en la enseñanza del trabajo. Realizaron actividades en el trapiche de Río Blanco o en la molienda y fabricación de pan en Los Molinos y que son los más reconocidos sin perjuicio de otras actividades que se cumplieron. Tuvo una importancia capital porque la harina que se consumía en Jujuy al menos unas partes se traía de otras ciudades resultando excesivo su costo.

El 18 de febrero de 1598 los cabildantes establecen en una disposición 1º - Que el molino de los jesuitas al cual asiste al mayordomo, sea tenido como moliente y corriente para que se muela en beneficio de los vecinos de la ciudad, fijándose los precios y las penas a aplicar por si se violaba este concepto y lo curioso: que esta disposición debía tener efecto hasta que el molino de don Francisco de Argañaráz este apto para moler. Los capitulares en ese entonces dictaron una ordenanza sobre el peso el costo y la manufactura del pan que se vendía en la ciudad.

Los jesuitas contaban con un "Hospicio de Jujuy" que era una especie de casa de residencia y apoyo misionero sin ser propiamente un hospital vinculado al Colegio de Salta, gestionando sus haciendas y la labor con los pueblos originarios de la zona. Servía esta casa para alojarse durante viajes y misiones organizando tareas de evangelización administrando propiedades y actividades económicas enseñando y atendiendo espiritualmente a la población.

La dedicación tuvo importancia para evangelizar a los aborígenes en territorio jujeño. En la Puna donde fundaron misiones: Yavi (Cangrejos grandes), Cochinoca y Casabindo tal como se logra esta información y es justo reconocer su esfuerzo de historiadores de renombre como fue la periodista y escritora Brunilda Figueroa Revol de Ballatore y su hija Irene Ballatore que tan gentilmente acompañó información.

Nuevamente se resalta la presencia del padre Fonte, quien fuera destinado jefe de las misiones de la Puna, y tiene importancia como lo fue Gaspar Monroy a quien se le encargó la tarea de evangelización y educación en la Quebrada de Humahuaca llegando hasta Cochinoca.

Los jesuitas habitaron en el hospital San Roque y en casas particulares, al no poseer una residencia propia en Jujuy donde vivían; eran residencias temporales que servían de apoyo evangelizador.

La expulsión de los jesuitas en el año 1767 por una decisión política de Carlos III tuvo como resultado la partida de estos lugares con una enorme trascendencia para analizar más adelante en que las reducciones quedaron sin poder ser comandadas y desapareciendo en una presencia educativa y económica.

Más allá que se tengan criterios diferentes los jesuitas no tuvieron un final feliz en estas tierras. El trabajo realizado en ese entonces en tantos lugares, no solo en Jujuy debe ser reconocido por el valor y el anhelo de cambiar y brindar experiencia y trabajo. (Autoría Fernando Zurueta).

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