El 29 de abril de 1836, en Tilcara, dejó de existir uno de los próceres más bravíos de la Guerra Gaucha: el Coronel Manuel Álvarez Prado. Nacido en Maimará el 3 de octubre de 1785, abrazó desde muy joven la causa independentista y se convirtió en un azote para las tropas realistas que intentaron dominar la quebrada de Humahuaca.
Su rol fue decisivo en el Éxodo Jujeño. Álvarez Prado cumplió con rigurosidad el Bando del General Manuel Belgrano: arreó los ganados, enterró o destruyó los útiles de labranza y arrasó las cementeras, dejando la región desierta para el enemigo. Pero su fiereza no terminó allí. La crónica histórica lo describe ejecutando acciones de hostigamiento, interceptando comunicaciones realistas, promoviendo ataques nocturnos contra campamentos y desbaratando todos los planes invasores.
Tal era su temple que el General Pedro Antonio de Olañeta, al invadir la quebrada, intentó sobornarlo. La respuesta de Álvarez Prado fue contundente: “lo rechazó con altivez”.
A lo largo de su carrera militar, combatió desde los inicios de la Guerra Gaucha. Participó en el combate de Hornillos (1814), donde las milicias sorprendieron a la retaguardia de Pezuela; en la batalla de Puesto del Marqués; en el combate de Moraya (enero de 1816) y, ante una nueva invasión de Olañeta en 1817, organizó el segundo éxodo de los pueblos de la Quebrada. Durante 1818 luchó en los combates de Jujuy y Maimará.
El destino le deparó dos duras capturas. La primera, en 1819, cuando fue sorprendido por fuerzas de Olañeta mientras acampaba en Tilcara. Permaneció diez meses detenido en Tupiza y, cuando era trasladado para un intercambio de prisioneros, logró evadir a sus captores en Yala y escapó al monte para reincorporarse a las fuerzas revolucionarias. En 1822 fue nuevamente apresado, pero se fugó robándole el sable a un centinela y peleando ferozmente, aunque con graves heridas.
Ascendido a Coronel en 1823, debió renunciar al ejército por las secuelas de sus heridas. Sin embargo, más tarde se reintegró para dirigir una campaña contra focos rebeldes en Valle Grande y Cerro Colorado.
El héroe gaucho murió el 29 de abril de 1836 en Tilcara, y sus restos descansan actualmente en la iglesia de ese pueblo. Desde 2022, su espada y su gorra militar se encuentran en custodia de la Legislatura, como símbolo vivo de un jujeño convencido de la causa libertadora.