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A cuarenta y seis años, los desafíos se renuevan

Se alcanzó el sueño de llegar en la cima y la casa propia. Ahora los retos pasan por las plataformas digitales.
Domingo, 19 de abril de 2026 00:00
EL TRIBUNO DE JUJUY | FUNCIONÓ POR MUCHOS AÑOS EN CALLE BELGRANO ESQUINA ARGAÑARÁZ DE LA CAPITAL JUJEÑA.

Hace cuarenta y seis años atrás, un grupo de periodistas comenzaba a escribir, tal vez sin dimensionarlo, la historia exitosa de un diario que -según los pronósticos agoreros de la época- estaba condenado al fracaso. En aquel momento había un solo matutino, cuyos hacedores esgrimían -como trofeos- el naufragio de una sucesión de proyectos periodísticos que no habían podido imponerse ni captar el interés de los lectores.

Entonces, con el acompañamiento de los directivos de la incipiente empresa, los pioneros emprendieron una suerte de cruzada para posicionar el diario, garantizando su continuidad, y al mismo tiempo cimentar las bases de un proyecto muy ambicioso. Se sumaron fotógrafos, productores publicitarios, empleados administrativos e incluso los "canillitas" que, tímidamente, comenzaron a vocear el nombre de la criatura.

Soportaron tiempos difíciles, pero nada los quebró. A esa altura el proyecto ya había excedido lo laboral para convertirse, para la gran mayoría, en una cuestión personal.

Con el paso de los años se alcanzó el primer objetivo: posicionar al diario y mantenerse.

Mientras tanto, seguía latente otro gran sueño, el de la casa propia. Es importante mencionar que El Tribuno de Jujuy comenzó a funcionar en una vieja casona de la calle Belgrano al 500, para trasladarse luego a la de Belgrano esquina Argañaráz en la que estuvo por muchos años. En 2014 la aspiración de los pioneros se cumplió (muchos de ellos ya habían trascendido este plano) y el diario estrenó el coqueto edificio de Belgrano 246, sumando a las radios de frecuencia modulada del grupo: Jujuy FM y FM Sol; y más recientemente al streaming El Tribuno Plus.

Lo cierto es que los desafíos no cesaron y ahora, con la tecnología que avanza vertiginosamente y la irrupción de las redes sociales, nos toca reinventarnos en la producción de los contenidos ya con una mirada integral, incluidas plataformas y redes que surgen a diario.

En estas líneas quiero recordar a dos pioneros que conocí muy de cerca. Pedro Ballatore y Brunilda Figueroa Revol "La Tusca", quienes marcaron una época en el periodismo jujeño en su rol de corresponsales en la ciudad de Palpalá. "La Tusca" desarrolló un significativo trabajo relatando los hechos que rodearon la privatización de Zapla en los noventa, haciendo un seguimiento detallado de las reacciones, los temores y las expectativas que se suscitaron en la comunidad palpaleña frente a una decisión del gobierno nacional que fue determinante en la situación social, económica y política de la Ciudad Madre de Industrias. Más de una vez, contra la opinión interesada de algunos sectores poderosos que la combatieron con descalificaciones de distinto tipo, levantó su pluma para advertir sobre los males que caerían sobre el pueblo siderúrgico como consecuencia de la aplicación del fundamentalismo privatista de los años noventa. En su recordada columna "Puñaditos de arrabio" hizo desfilar hechos y personajes del Palpalá de antaño y de su tiempo que se han convertido en una valiosa fuente para reconstruir la historia del pueblito del general Manuel Nicolás Savio, padre de la siderurgia nacional.

También me permito evocar la memoria de Aldo Ábalos, quien durante veintidós años honró con su pluma a nuestro diario. Fue el corresponsal de la Puna que siempre estuvo al servicio de las causas del hombre de las alturas, exaltando sus valores y denunciando, con firmeza, el abandono de una región a la que amaba profundamente.

Y finalmente mencionar a otro gran periodista que se desempeñó en la redacción de nuestro diario: César Horacio Liquín, fallecido el 12 de este mes. En 1997 Liquín recibió el premio "Harmodio Arias" (México) de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), en reconocimiento a su investigación del asesinato del ingeniero platense Diego Rodríguez Laguens. El caso dejó en evidencia en aquel momento una trama de violencia y corrupción policial en San Pedro de Jujuy.

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