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Caminar por las calles de nuestro querido Jujuy es encontrar su historia en cada paso.
Consultando sobre la ubicación de una dependencia pública, llegué a calle Bustamante 265 de San Salvador de Jujuy, en que me confirmaron que esa imponente y emblemática casona tradicionalmente conocida bajo el nombre de Universidad Popular de Jujuy, que fuera el asiento de formación técnica profesional de la Iglesia, con la comunidad, se convirtió en el funcionamiento de oficinas del Estado Provincial.
La sorpresa y la nostalgia fue inevitable: en ese mismo inmueble que conocí, donde originalmente florecieron talleres ligados a movimientos sociales, su raíz conceptual basada en forma directa en la Educación popular y en la pedagogía implementada por Paulo Freire, quien persiguió democratizar el conocimiento en los barrios vulnerables, hoy ya no quedan rastros de la institución salvo su edificación, que formó a tantas generaciones. El emblemático espacio simplemente dejó de existir.
Las referencias más antiguas de este faro educativo nos trasladan a los años 1938 y 1939, en las memorias de las Universidades Populares Argentinas impulsadas por sociedades civiles, o religiosas, que registran la sede jujeña con una asignación nacional anual.
Su nombre respondía a una entrañable tradición y costumbre llamada Universidad Popular de Jujuy que muestra su existencia de los que la conocimos, y en el frente del edificio como en una placa en su interior, en homenaje a la eterna gratitud a su presidente fundador y honorario ingeniero Mario León Romano.
De lo que se logró conocer, surge el nacimiento de una educación abierta, diseñada para la capacitación práctica de jóvenes y adultos que necesitaban una rápida salida laboral, lejos de la rigidez de la academia convencional.
"El reconocimiento jurídico definitivo llegó el 23 de noviembre de 1942, bajo la gobernación del Dr Fenelón Quintana mediante el decreto provincial Nº 856-G, en que la institución obtuvo su personería legal bajo el nombre de "Instituto Jujeño de Capacitación ", rindiendo un merecido reconocimiento a quien fueran a su fundador y presidente, el querido monseñor Germán Miguel Mallagray.
Gracias a brillantes y comprometidos hombres de ese entonces, unidos con un fin en que se incorporan médicos, ingenieros, agrimensores, escritores, docentes, referentes de la cultura, y tantos otros, dan nacimiento a un espacio que suplió con creces la falta de oferta educativa de la época, cumpliendo una función social enorme.
Aquella comunidad fundacional, dejó una huella imborrable, conduciendo como presidentes el sacerdote con enorme trayectoria Germán Mallagray, junto a Mario León Romano, Juan José Castro, Guillermo Zeugin, Antonio Rocha Solórzano, Luis S. Zurueta, Luis A Flores ("Pito"), Víctor Rodríguez; Juan Roques; reconocidas maestras Concepción Cicarelli, Rita Alvarado, María Blas, Juana Orías, Berta Garnier, entre muchos otros, que unieron sus saberes y sentimientos pedagógicos para sostener este proyecto fundacional de superación popular.
La historia recuerda que, a mediados del siglo XX y hasta entrado el siglo XXI, la institución fue un dinámico centro de enseñanza de artes y oficios. Sus aulas reciben a sus alumnos en horarios vespertinos y nocturnos permitiendo el acceso a jóvenes, hombres y mujeres, con vocación de aprender, accediendo ante un abanico de labores esenciales: como cocina, repostería, corte y confección, manualidades y telares artesanales, electricidad, radio, dibujo, asistencia en topografía, secretariado administrativo incluyendo talleres en encuadernación, cumpliendo con una sentida necesidad de ocupar puestos de trabajo.
En ese Instituto, en sus aulas, no solo enseñaban un oficio técnico, sino que brindaban herramientas de autonomía para la organización del hogar y la administración familiar. Y al finalizar el ciclo se entregaban medallas resaltando estudios y trabajos. Y entre ellas una particularidad fue la que otorgaba Mario León Romano en que agregando una suma dineraria al mayor esfuerzo tomando en cuenta el sacrificio, la voluntad y necesidad de tener una herramienta de trabajo para superarse en el medio.
Con el tiempo, por motivos que no entran en este análisis, el Instituto deja de cumplir sus funciones dispuesto mediante decreto número 6.000 de enero del año 2018, complementándose con una resolución 8.281 de 2 de febrero de 2018 del Ministerio de Educación publicada en el Boletín Oficial. Entre su contenido, en uno de sus artículos, se encomienda a la Dirección de Educación Técnico Profesional a recuperar y custodiar el archivo institucional en libros de exámenes, matrices, calificaciones y legajos de alumnos y docentes, reubicando al personal de planta y alumnos que así lo deseen ocupando otros establecimientos a los efectos de garantizarles la continuidad de sus estudios y la posterior emisión de certificados, declarando la suspensión de las actividades educativas en el Instituto Jujeño "Monseñor Germán Mallagray".
Lo cierto es que la suspensión trajo como resultado el cierre definitivo de lo conocido por los jujeños como Universidad Popular marcando el fin de una era.
Solo queda en la que fueran sus aulas hoy vacías de alumnos, el testimonio de una época en la que aún perduran sus placas de bronce con los nombres de aquellos maestros que dieran su vocación y empeño en la educación popular, con el deseo oculto de resistirse a desaparecer en el silencio de los pasillos, "recuperando casas y edificios que merecen ser perpetuados en la memoria cultural de nuestro pueblo" como bien lo expresa el profesor Alberto Elías Alabi.
Y en el frontispicio del edificio, imperturbable se mantiene, la inscripción original tallada que evoca la grandeza de su pasado y recuerda a los transeúntes donde alguna vez funcionó la "Universidad Popular de Jujuy".
Estas líneas pretenden sea un justo reconocimiento a todos los que sostuvieron este faro y a los miles de alumnos que encontraron en sus aulas la oportunidad de construir un destino mejor. (Autoría Fernando Zurueta).