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Los cien años de la Misión de Estudios de Patología Regional (Mepra) en Jujuy no pueden pasar desapercibidos. Para los jujeños, representa un orgullo histórico de trascendencia mundial. Esta institución científica y laboratorio de investigación médica nació en 1926 por la profunda inquietud del reconocido médico y bacteriólogo Salvador Mazza, un hombre de características excepcionales que consagró su vida a la salud pública.
Desde su juventud, Mazza sintió una fuerte inclinación por la medicina. Mientras estudiaba, centró su preocupación en las enfermedades tropicales y, como inspector sanitarista, participó en campañas tanto en el país como en el extranjero. Tras recibir su título en 1910, volcó su carrera a la bacteriología, llegando a ser jefe de Laboratorio.
Su mirada aguda no descansaba: fue el médico que llevó la ciencia al interior profundo. Estudió el cólera en la Isla Martín García, detectando portadores sanos entre los inmigrantes que hacían cuarentena antes de ingresar al territorio nacional. Sin embargo, su combate más importante fue contra las enfermedades endémicas del norte argentino, consolidando el descubrimiento y tratamiento de lo que hoy conocemos como Mal de Chagas.
Gracias a sus lazos con la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires (UBA), logró el apoyo del Consejo Superior para crear la Mepra en 1926. Eligió Jujuy como sede inicial con la firme convicción de que allí encontraría la solución a este flagelo. Para lograrlo, sumó a colaboradores incansables: al fundar la Sociedad Argentina de Patología Regional, contó con el estrecho apoyo del Dr. Guillermo Paterson, Carlos Undiano y durante años tuvo el sostén técnico del Dr Flavio Lorenzo Niño.
Con el enorme respaldo del Gobierno Nacional, puso en marcha el célebre tren sanitario E-600, un vagón equipado como laboratorio y consultorio móvil. Con él recorrió miles de kilómetros, capacitando a médicos locales, vacunando y atendiendo a pacientes inclusive de Bolivia y Chile, manteniendo siempre su sede central en San Salvador de Jujuy.
La sede de la Misión se levantó en la avenida Bolivia, sobre un terreno donado de aproximadamente dos hectáreas. Su construcción fue posible gracias a los aportes de la Nación, de la Provincia y al decidido impulso del Dr José Arce, entonces director del Instituto y Clínica Quirúrgica de la UBA. Este emblemático edificio con historia y alma, de dos plantas y techos de tejas rojas, que hoy enorgullece a la provincia, alberga actualmente al Rectorado de la Universidad Nacional de Jujuy (Unju), junto con sus secretarías e institutos de investigación. En su momento, el propio Dr Mazza se ocupó de embellecerlo; en el acceso principal colocó dos grandes tinajas de cerámica traídas de los Valles Calchaquíes. Lamentablemente, el tiempo hace que Jujuy pierda elementos valiosos de su patrimonio: aquellas tinajas fueron donadas al Museo de Luján, donde se exhiben hoy en día.
Al cruzar sus amplias galerías y abrir sus puertas, un gran hall recibía a los visitantes. En la planta baja, la institución cobraba vida en tres grandes habitaciones destinadas a laboratorios de histología, bacteriología y parasitología, además de una sala de bioquímica. El complejo se completaba con salas de fotografía y cinematografía de vanguardia, consultorios, una sala de autopsias para animales, cocina para medios de cultivo y un vivario interno para el estudio de roedores. Los laboratorios contaban con instrumental moderno, estufas y equipos de registro de alta tecnología para la época. La biblioteca merece un párrafo aparte: era la mayor biblioteca de patología regional del país. Ocupaba un local amplio con ficheros metálicos de dos metros de altura que resguardaban alrededor de 5000 volúmenes con las colecciones completas de los anales de los Institutos Pasteur de Túnez y Argelia, las memorias del Instituto Osvaldo Cruz y valiosas revistas científicas obtenidas por donaciones y por el propio aporte personal de Mazza. Subiendo las escaleras, en el primer piso, se encontraba el hogar donde el Dr Mazza vivió junto a su esposa a partir de agosto de 1929.
En el parque exterior, se construyeron jaulas y un serpentario para alojar y criar fauna regional (águilas, cóndores, guanacos, zorros, hurones, llamas, osos hormigueros, tapires, vicuñas y hasta un cachorro de puma) con el fin de estudiar sus parásitos e infecciones naturales. Asimismo, el museo de la Misión exhibía vitrinas con cientos de cajas metálicas con materiales de estudio donados por el Dr Paterson. Salvador Mazza fue un luchador e investigador incansable dejando un legado inmortal. Su labor científica no tuvo fronteras: auxilió en la extirpación de plagas agrícolas como las ratas en los cañaverales, comprobó la existencia de la fiebre amarilla en Santa Cruz de la Sierra (Bolivia) e incorporó la medicación antipalúdica en la región. Su experiencia internacional fue enorme. En la Primera Guerra Mundial, fue enviado a Europa para estudiar la profilaxis de enfermedades infecciosas en los ejércitos de Austria y Alemania. Participó en los homenajes a Pasteur en Estrasburgo y pasó dos años recorriendo laboratorios en París, Berlín, Hamburgo, Londres y el norte de África, donde forjó una gran amistad con el Premio Nobel de Medicina, el Dr. Charles Nicolle. Además, estrechó lazos científicos en Sudamérica con figuras como el Dr Evandro Chagas.
Gran parte de esta valiosa reconstrucción histórica que seguramente muchos jujeños aún desconocen es un justo reconocimiento al trabajo de diversos escritores plasmado en las páginas de "Jujuy / Diccionario General". Las notas de Emilio Bidondo, los escritos del Dr Jobino Sierra e Iglesias, y los escritos de quien fuera un gran investigador y nombrado en otros escritos publicados anteriormente, el Dr José Leonardo Scaro dio relevancia a esta Misión. A un siglo de aquella gesta, el homenaje a su creador, Salvador Mazza, sigue siendo una deuda pendiente en la memoria colectiva. Su entrega absoluta a la ciencia médica y a la salud de nuestro pueblo merece el reconocimiento eterno de toda la comunidad, y muy especialmente, de los jujeños. (Autoría Fernando Zurueta).