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La mañana nublada y fría no desalentó ayer a los miles de peregrinos, quienes acompañados de familiares, muchos con dificultades físicas, se dieron cita en el Santuario de la Virgen del Rosario de Río Blanco y Paypaya, en un encuentro de fe y devoción a la patrona de Jujuy. Encabezada por el obispo Daniel Fernández, la ceremonia religiosa se centró en los enfermos y las madres en su día.
Llegados de distintos puntos de la provincia, la tercera peregrinación mostró una multitud de fieles, quienes con la perseverancia de la fe se acercaban a recibir bendiciones, algunos con los retratos de sus familiares por cuya salud venían a pedir, otros llevando a su familiar en silla de ruedas o con bastón.
Fue anunciada como dedicada al Día de la Familia y las Misiones, y bendición de madres y enfermos por lo que al iniciarse la misa se pidió por la recuperación del Papa León XIV.
La primera entrega de laicos fue de unas sandalias, que explicaron "representan a María que se pone en camino sin demora para visitar a Santa Isabel", y buscar recordar que la fe no se queda en palabras, sino que se transforma en acciones concretas, para acercarse a quienes lo necesiten, "llevando el amor y la presencia de Jesús". Otro de los símbolos que se sumó fue el ramo de flores, dedicado a las madres que estaban presentes en el Santuario y con el recuerdo por aquellas que ya descansan en brazos de Dios.
El Evangelio que abordó el obispo fue el de San Lucas, relatando el encuentro entre la Virgen María e Isabel, quien la recibe al Espíritu Santo y la reconoce como bendita por haber creído en la promesa de Dios y en alusión a Isabel, quien llevaba en su vientre a su hijo.
En su homilía, destacó el ejemplo de la Virgen María como modelo de amor, servicio y cercanía con quienes sufren. Se refirió al Evangelio y recordó que luego de recibir el anuncio del ángel, María se puso en camino para acompañar y ayudar a su parienta Isabel, que transitaba los últimos meses de embarazo. "El movimiento de su amor la lleva a ir a prestarle servicio", expresó el obispo y destacó la sensibilidad de María para reconocer las necesidades de los demás.
En este sentido, instó a los fieles a confiarle sus dolores y enfermedades a la Virgen María, y recordó que ella también experimentó el sufrimiento al permanecer junto a Jesús durante la crucifixión. También hizo hincapié en la importancia de acompañar a los enfermos, no solo con atención médica y medicamentos, sino también en hacerlo con afecto y "no borrarse". "En la enfermedad todos necesitamos atención, necesitamos ser bien atendidos, pero sobre todo necesitamos amor", dijo.
Además, recordó las enseñanzas de Jesús sobre la importancia de visitar y socorrer a quienes sufren, y se refirió como ejemplo a santos Camilo de Lelis y Teresa de Calcuta, quienes dedicaron sus vidas al cuidado de los más necesitados. De hecho, pidió a la comunidad a seguir el ejemplo de María y a no abandonar a quienes atraviesan situaciones de dolor, soledad o enfermedad, y tratar de ofrecerles compañía, esperanza y amor.
Fue una reflexión sobre la fe, la humildad, la solidaridad centrada en servir a los demás, pero una homilía sin la acostumbrada relación con la realidad actual económica como social que atraviesa a todos y que afecta precisamente en la salud y bienestar.
La misa se realizó con gran participación de comunidades laicas y un despliegue de más de 100 servidores a quienes agradeció el rector del Santuario de Nuestra Señora del Rosario de Río Blanco y Paypaya, Germán Macagno, quien ponderó su labor desde las 5 de la madrugada en que llegaron
Solicitaron por seres queridos
Cada una de las miles de personas que ayer peregrinaron a Río Blanco tenía sus propias razones para hacerlo. Natalia Ibarra llegó de Perico después de caminar toda la noche llevando la imagen de su hijo Santiago de 13 años, quien está internado en terapia intensiva por problemas intestinales que comenzaron en marzo.
“Vengo peregrinando desde anoche, llegué a las 3 de la mañana y después vine a la misa a pedir”, contó. Aunque peregrina desde hace años, expuso su pedido acongojada mientras esperaba la fila para la bendición de uno de los sacerdotes. Del barrio San Pedrito Teófilo Guzmán llegó acompañado por su familia para pedir por la salud de todos, especialmente por su esposa,
Hilda Vargas, de 76 años, de quien explicó que se alimenta mediante una sonda y permanece en silla de ruedas desde hace dos años. “Vinimos para que la Virgen la bendiga”, dijo. Máxima Tolay, de Alto Comedero, también renovó su fe, ya que recordó que desde niña peregrina.
Pero explicó que esta vez fue a pedir por su esposo, quien sufrió un accidente cerebrovascular (ACV) hace más de 15 años. “La virgencita nos da fuerza a las familias para poder sostenerlo”, dijo apenada. Por su parte Rafael Díaz, del barrio Campo Verde, llegó para pedir por la salud de la madre de su hijo, con quien mantiene una buena relación pese a estar separados, ya que ella atraviesa complicaciones médicas luego de una caída y una intervención quirúrgica. “Vengo con fe, con todo”, dijo y contó que ya fue a la Virgen del Milagro.