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El agua que caía con inusual frescura un domingo de octubre, fue regalo del cielo que sintieron como bendición los peregrinos que caminaron en la fe hacia la divina imagen de Nuestra Señora del Rosario de Río Blanco y Paypaya.
Reunidas en el campito del Santuario, aquellas almas ávidas de fortaleza espiritual compartieron el rezo previo como hermandad a través de palabras que brotaban como agua de manantial llenas de significativa devoción en cada presente. Sobre las 9 de la mañana de un día fresco, pero movilizado por los corazones; se renovó el encuentro del amor sagrado con la santa patrona de la provincia, que llegó entre el repique de campanas y el aleteo blanco de pañuelos que marcaban la misma coreografía que las aves en el cielo, al cruzar su vuelo.
Desde la distancia, con su manto celestial aparecía la mamita para dejarse ver por los jujeños que eligen creer por más que sean tiempos difíciles, que ofrendan su fe en lágrimas y que decretan su pedido en el más respetuoso de los silencios.
Niños, abuelos, animales de la creación y familias se reunieron en una cita donde la misa cobró más valor en la voz de monseñor Florencio Félix Paredes Cruz, el obispo de la prelatura territorial de Humahuaca, compartió a viva voz el evangelio de San Lucas, permitiendo una reflexión especial. "Saber escuchar y aprender de la Palabra de Dios" fue la premisa que extrajo, en la ocasión, sin dejar de instar a practicarla. Y entonces Monseñor abrazó espiritualmente a cada peregrino, bajo un cielo todavía blanquecino.
"La virgen nos enseña con su ejemplo de madre a confiar en su hijo, el Señor y a hacer de nuestra vida, una misión de amor", expresó Paredes Cruz en el mensaje que fue multiplicado después en canciones de alabanza para la madrecita y para Nuestra Señora de la Candelaria, virgen invitada que llegó con sus fieles desde la ciudad histórica de Humahuaca para honrar al pueblo capitalino, en una jornada eclesiástica inolvidable.
Mientras, la celebración seguía con respeto solemne, los sikuris tilcareños y humahuaqueños se podían percibir en intensidad sonora tenue sin estar demasiado lejos, a través de su música hecha sentimiento genuino de la Quebrada misma para rendir honores a las dos madrecitas sagradas.
Entre los niños, la garúa finita y las comunidades parroquiales de la provincia, formaron una tríada que resaltó en la jornada de las misiones donde se reflejó la premisa de anunciar el amor de Dios en todos los lugares posibles pero comenzando por los hogares propios, mediante la fraternidad.
La presencia especial de la mamita de las candelas y el renovador encuentro con la feligresía jujeña, fueron suficientes para que monseñor Paredes Cruz reavive la calidez recibida en aplausos, aleluyas y emociones puestos a los pies de la mamita del rosario, como la ofrenda que los niños de la infancia misionera presentaron sobre la Amazonía peruana y misioneros argentinos compartiendo el amor por María, en la tela que unió a Jujuy y a la selva, en una sola misión.
Fue justo en la tierra que la vio aparecer, donde la devoción volvió a reabrir un capítulo de fe. El peregrinar es ya una tradición que convoca y se promueve en la oración, en la simpleza de las cosas y en la humildad de las personas. "María es la mujer que protege y sostiene la fe de los jujeños, ella nos muestra el camino de la verdad en el cielo y en la tierra. Actúa maternalmente con cada pueblo, familia y persona. Felices los que escuchan la Palabra de Dios y la practican, porque ahí está la bendición de escucharla y aplicarla en la vida diaria", reflexionó Paredes Cruz, agradecido por visitar la capital y presidir la Eucaristía en Río Blanco.