La dupla funciona. Sí, tal como en “Son amores” allá por el 2002. Nicolás Cabré y Mariano Martínez, son tal para cual en estas cuestiones de hacer reír.
El viernes pasado se presentaron con “Ni media palabra”, en el Teatro Mitre, y ante una sala llena, hicieron de las suyas. A ellos se suma el genial Bicho Gómez, que también tiene la facilidad extrema de moverse y gesticular, para que la carcajada salga sin problemas.
La historia es lo de menos, a la hora de contar lo que sucede en la escena. El guion es buenísimo y les permite a los tres destacarse. La puesta tiene mucha agilidad, es muy rápida, y los actores se ponen a la altura de las circunstancias. En aquella novela, Martínez era El Rey Sol (Martín Marquesi), y cantaba una canción muy bizarra, “Yo sé” que iba acompañada de una coreografía más bizarra aún, y este cuadro reaparece tímidamente en esta puesta.
En una parte del espectáculo, bailó y cantó: “Yo sé que soy pesado, celoso, maníaco del pelo, pero te quiero”, y el recuerdo fue instantáneo. En “Son amores” compartía el protagónico con Cabré (que hacía de su hermano, Pablo Marquesi), y que hoy lo convoca para esta obra que fue éxito en Carlos Paz, ya pasó por Buenos Aires, y ahora gira por el país.
El histrionismo de Cabré no sorprende, mantiene un nivel de gracia, y un personaje con postura y voz muy exageradas. Lo cierto es que los tres artistas logran un clima de risa constante y nerviosismo porque la historia cambia rotundamente de un momento a otro.
La colorida escenografía es la casa del personaje principal, donde todo sucede, desde los recuerdos, la venganza, el resentimiento, una pizquita de drama (gracioso) y el desenlace totalmente inesperado. Los actores se manejan con total soltura, y las intervenciones le salen naturalmente. El resultado: una noche de mucha risa.