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Los árboles

Martes, 14 de julio de 2026 00:00
LOS QUE LE CANTARON AL CEIBO | RAFAEL OBLIGADO, CONRADO NALÉ ROXLO Y MUCHOS OTROS.

Charles Boudelaire, Ernesto Sábato y varios otros quizás -palabras más, palabras menos-, se han expresado respecto de la infancia como, la verdadera patria del escritor y hablo de una patria donde sus límites son la memoria y los entrañables recuerdos.

Valga este comienzo para dar paso a cierta nostalgia y echarle un párrafo a modo de ejemplo, porqué quiero nombrar al ceibo de la puerta de mi casa. Y si bien los grandes se referían a la primavera como la estación del amor, para nosotros que para entonces poco y nada sabíamos de tales cuestiones, la primavera obraba como la vuelta de la flor del ceibo Y en aquel tiempo, tampoco sabíamos de flores nacionales, ellas estaban allí y muy modestas, cumplían su misión: pequeñas aves rojas las cuales y partiendo de una levísima destreza, transformábamos en un bello pájaro, perennes esculturas que adornaban los serios juegos de aquellos lejanísimos tiempos y como dijo alguien, "dispensen la memoria".

De haber sido más advertidos, hubiésemos conjeturado que la vida le otorgaba al ceibo, una suerte de compensación por lo endeble y áspero de su corteza, ni más ni menos que, un revoque grueso para su vestidura. Aquella, nos era suficiente dándonos una austera sombra que, a sus pies, tan bien recibíamos.

No pocos poetas le cantaron al ceibo: Rafael Obligado, Conrado Nalé Roxlo y muchos otros. Aquí, un fragmento del poema de Fernán Silva Valdéz, "La leyenda de la flor de ceibo: Me los dijo un Indio viejo y medio brujo / que se santiguaba y adoraba al sol / los ceibos del tiempo cuando yo era niño / no lucían flores rojas, como hoy...".

Y no era el único árbol que me acompaño en aquella distante tarde de Infancia allá en Beruti, Partido de Trenque Lauquen: cercana a la casa de mis abuelos, había un gigantesco eucaliptus y por la mitad de su portentosa estatura le aparecía un grueso tronco levemente inclinado hacia arriba, a modo de apéndice al cual solía treparme en las mañanas, pasándome largo tiempo allí sentado y mirando a lo lejos auscultando un limpio horizonte hasta donde la vista lo consentía. Imaginaba pueblos o parajes hacia donde apuntaba, una dirección: Esteban de Luca, Francisco Magnano, etc, aunque en realidad, apenas si se tratasen de borrosos y lejanos montecitos. Por mi parte es todo o casi todo, lo que podría decir sobre los árboles que me acompañaron en una ya, más que borrosa Infancia.

"... El árbol que tu olvidaste / siempre se acuerda de ti / y le pregunta a la noche / si serás o no, feliz...". El fragmento de la bella canción de Atahualpa Yupanqui, pareciera querer decir más: allí están y allí quedaron, los padres, los hermanos y los abuelos, una patria, representados en el árbol para quien, como un trasfoguero (el caminante que ha dejado el fuego del hogar, atrás), se marchó por caminos inciertos. "No me dejes partir, viejo algarrobo, /que ya no se decir hasta la vuelta...".

Otro bello poema de Yupanqui, como quien aferrándose a su viejo tronco, procura permanecer en el solar querido. Jaime Dávalos también busca en los árboles, descargar la angustia ante un desesperado intento, por permanecer por siempre en este plano físico: "... Ya me va demorando el viento/ y de solo estar/ me voy muriendo pa'dentro / sobre la leña/ la flor del nogal" (de "La flor del nogal"- vidala-).

Y ahora nos acude el emblemático poema de la Uruguaya - Juana de América- Juana de Ibarborou, "La Higuera": "Porqué es áspera y fea /porqué todas sus ramas son grises / yo le tengo piedad a la higuera...". Juana se apiada de su pobre condición que denota, un desgraciado no florecer de la higuera. Al respecto y como quien se conduele de tal sino, existe una leyenda muy antigua (como casi todas las leyendas), que nos dice de una única flor que da la higuera y es cuando la Noche de San Juan, la más fría del año y ella nos habla que para la hora doce del veinticuatro de junio, nace por única vez esa sola flor de la higuera. "Algún día hai'ser San Juan / y la higuera hai'florecer"... esta suerte de media copla me la dictó una almacenera de San Pablo de Reyes aquí nomás en Jujuy, cuando fui a comprarle pan una mañana y ella al preguntarme si había traído bolsa, le respondí que la próxima vez volvería munido de mi bolsa del pan. "Si...", me argumentó a modo de escéptica y graciosa ironía: "...Algún día hai'ser San Juan y la higuera hai'florecer....".

El gran poeta Sanjuanino, Jorge Leónidas Escudero, desde su libro, "Poemas del Acechante", nos dice: "...Donde las filas de álamos /cierran allá un telón, se perdieron. /Y desde el fondo de la calle, el silencio/ en un caballo oscuro con estrella en la frente / el silencio" (de su poema "Oscurecer").

Y es en esta larga historia donde innumerables poetas han encontrado en los árboles, un símbolo de sabiduría, resistencia e, íntima conexión con la naturaleza, cierro esta breve síntesis con un fragmento del poema de la Premio Novel Chilena, Gabriela Mistral, "Árbol hermano, / que clavado por garfios pardos en el suelo / la clara frente has elevado / en una intensa sed de cielo...".

A modo de final, permítaseme dejar esta cuarteta de la "Milonga de Beruti" y de la cual soy autor: "... Tamariscos centenarios / a un costao e' la alambrada / eucaliptus sina-sinas / que el bis abuelo plantara...".-

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