El fin de semana pasado se presentó en Jujuy la puesta salteña de "A Rey Muerto", escrita por Elena Bossi, que cuenta con la actuación de Andrea García dirigida por Natalia Aparicio.
Un asesinato es noticia y ella lo escucha por radio, mientras ordena su casa, llena de plásticos y agua, y mucha ropa para colgar y descolgar. Tiene puesto un vestido de plástico negro (bolsa de consorcio, bolsa de basura), lo mismo que sus amigas.
Tiene miedos, porque ella estuvo ahí. Tiene secretos que luego la obligarán a contar, tienen fundamentos que traspasan la ética, la responsabilidad, el remordimiento.
Ella, la protagonista es una mujer que parece alegre por la música que escucha, cumbia y de Gilda. Parece enérgica porque no para de arreglar, limpiar y colgar ropa. Parece segura porque se resguardó en su casa, pero hay niños que proteger.
Lo cierto es que ella, La Lady, está sola, busca guarida, busca salida, porque el crimen la liberó pero la está llevando a otro encierro. Lo mismo a su amiga Mabel y a su amiga ciega (a quienes también interpreta la misma actriz).
El unipersonal pone a prueba su capacidad para cambiar el semblante entre un personaje y otro. Es que también es ella misma, el oficial que interroga, y el otro testigo.
El espacio elegido en el Teatro El Pasillo para esta puesta fue el del bar, con el público alrededor, muy cerca de la artista.
Ella habla con una tonada bien norteña, que nos identifica, y provoca ese acercamiento a alguien que conocemos, algunas mujeres de nuestra familia, de nuestra cuadra, del barrio. ¿Será que a esa mujer tan cercana le pasa lo mismo? Tener miedo, incertidumbre por los hijos, ansiedad por conseguir la libertad, y necesitar salvarse.
La actriz sale por una puerta y entra por la otra, utiliza todas las posibilidades de la casa que alberga a El Pasillo, con mucha facilidad, y eso le permite cambiar de personaje y de situación a lo largo de la puesta.
Cuando habla oculta, y cuando con la caja acompaña sus coplas, se confiesa. Es la voz interna la que explica por qué.
El que murió es el proxeneta, que tiene hijos y para el que se busca (desde la sociedad y los medios) justicia ahora, lo mismo que ella, La Lady, que también tiene hijos, pero busca justicia sola.
La sensación que queda en la platea es la de la desprotección del género, y la no consideración de su existencia.
El trabajo de la actriz fue muy aplaudido en Jujuy.