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Beatriz Lizárraga celebra 50 años con la música, una vida dedicada a interpretar y componer. Con una voz dulce, delicada, ha mantenido su vigencia todo este tiempo, desde aquellos años de juventud en los que recuerda que recorría los festivales de toda la provincia.
Con el tiempo, sus presentaciones se tornaron más íntimas, más de encuentro y escucha, y siempre mantuvo el estilo de la exquisitez y el acompañamiento sólo de una guitarra.
Este viernes, festejará este especial aniversario con un recital que tituló "Una historia cantada", que tendrá lugar a las 19.30 en la Casa de las Letras (Belgrano 1327), junto al Grupo JA (Jujeños Autores) al que pertenece. La acompañará en guitarra, el maestro Papiruli Mamaní.
Tras la presentación de ocho temas, tal como cuenta en conversación con nuestro matutino, llegará el brindis con sus amigos artistas y el público que se llegue a festejar.
Hablamos de su camino musical, que siempre estuvo edulcorado con otras disciplinas del arte que también la apasionan y a las que se entrega, como la literatura, y la danza.
"Es un recital para recordar la trayectoria. Voy a cantar mis propios temas", dice, cada uno habla un poco de ella, y de su sensibilidad. "Son temas de diferentes épocas", explica, puesto que eligió obras que significaron mucho en algún momento especial.
"Mi trayectoria comienza en los '70, saliendo a festivales, actos escolares, cívicos, religiosos de las distintas localidades. En ese momento la radio me dio mucha difusión", recuerda.
"En los '80 hice mis estudios superiores, terciario y universitario, y bajé un poco la exposición, pero hasta ese momento había recorrido todos los festivales de Humahuaca, Tilcara, Maimará, las primeras ediciones del festival del Quesillo, Mina El Aguilar, La Quiaca, etc", cuenta.
"Después vino la etapa de los recitales poético-musicales, que eran más tranquilos, que eran más para escuchar, que para hacer palmas y divertirse", explica, "pero también me gustó antes alegrar a la gente".
Otro sendero recorrido tiene que ver con que, en sus inicios, hacía repertorios muy jujeños, sólo de autores locales, "y después ya fui ampliándolo con autores interesantes argentinos y latinoamericanos", comenta.
La pregunta es qué la mueve a elegir qué hacer en el arte, a cada instante, para mantenerse creando. "Cada año, hago por lo menos un recital para el público que me sigue, y para los que se suman", dice asegurando que no hubo año en que no lo haya concretado, siempre con una temática, un eje, como, por ejemplo, "Momento pájaro", donde incluía las golondrinas de Falú y otras creaciones relacionadas; o "Con nombre de mujer", donde les cantó a mujeres que se destacaron por algo; por mencionar sólo algunas. Es que no puede separar su corazón literario del musical.
"Si tuviera que definir lo que hago, diría simplemente 'arte' porque todo lo que haga es con el objetivo de despertar en el otro alguna emoción, alegría, tristeza, reflexión. Ese propósito es natural en mí. Llegar con un mensaje, el que sea. Eso pasa en la poesía y en la canción", asegura.
En esta oportunidad
Esta vez, el recital se titula "Una historia cantada", se propone recorrer sus 50 años con la música, y entonces incluye sólo temas de su autoría como "'Quiero ser', que es una guaraña de los primeros tiempos; 'Mi tristeza', que tiene un disparador en los '80, que es la muerte de niñito Guillermo Llampa, que, volviendo de estudiar en la Puna, en el camino se duerme, y muere congelado; después voy a hacer algo con más ritmo como el vals 'Desde mi voz'; 'A San Antonio', cantándole a la tierra; 'A mi guitarra' que es una zamba; 'Pequeña canción de cuna', de la época de la maternidad; 'La vereda del frente' en ritmo de marea, bailable; y finalmente 'El árbol de la amistad', un bailecito que tiene su origen en el encuentro que proponía Ricardo Vilca", detalla sobre su lista para este viernes.
También recordó a los guitarristas con los que cantó en este tiempo, y mencionó a Pollo Martínez, René "Cacho" Villafañe, Miqui Salas y Papiruli Mamaní.
"Siempre he puesto más el énfasis en la voz, que en el acompañamiento musical", dice, por eso nunca tuvo un grupo. "Siempre era yo sola con mi guitarra, con algún guitarrista que hiciera los arreglos y yo la base", explica.
Proyecto
Mientras tanto, Beatriz Lizárraga, está terminando el proyecto de un libro destinado a niños de 4º grado más o menos, porque se trata de poesía infantil musicalizada con folclore jujeño.
Una obra que incluye las partituras (escritas por su hija, la violinista Andrea Lizárraga radicada en Europa).
Dice "sé lo que motiva el canto en los niños -porque fue docente de nivel primario- y esa es la experiencia que trato de rescatar", dice.
En su filosofía, o su esencia, asegura "la poesía ya es música", y eso piensa cuando escribe para niños.