El despertar de River Plate el 25 de mayo no pudo ser más paradójico ni doloroso. Ayer, la institución de Núñez cumplió 125 años de una historia rica, gloriosa y gigante, pero el festejo por el siglo y cuarto de vida se ha transformado en un escenario de caras largas, oficinas en llamas y un silencio sepulcral. La derrota ante Belgrano de Córdoba en la final del Torneo Apertura caló hondo en el orgullo "millonario", convirtiendo lo que debía ser una fiesta nacional en un día raro y gris. El contraste fue brutal: mientras el club cumplió otro año de vida institucional, el presente futbolístico lo encuentra asimilando un "cachetazo" que puede acelerar decisiones drásticas.
La resaca de la final perdida no sólo deja el vacío de la coronación esquiva, sino también un panorama caótico en lo deportivo. Eduardo Coudet esta siendo cuestionado y en los pasillos del "Monumental" se da por hecho que recibirá una sanción disciplinaria muy fuerte tras sus lógicos pero desmedidos reclamos contra la terna arbitral. Este castigo inminente no hace más que debilitar la figura de un entrenador que quedó expuesto y bajo la sombra inevitable de los éxitos recientes; los hinchas no pueden evitar mirar atrás con nostalgia y recordar que la última gran coronación fue aquella noche ante Estudiantes de La Plata, bajo la conducción de Martín Demichelis.
Como fuese poco, Rivero, uno de los principales apuntados por el flojo rendimiento colectivo, se expresó en sus redes sociales tras el partido, pero la respuesta de los hinchas fue tan feroz que el jugador se vio obligado a cerrar los comentarios para frenar la catarata de reproches.
Así, entre pantallas bloqueadas, sanción en puerta y una profunda depuración del plantel que comenzará a ejecutarse en las próximas horas, River Plate atravesó el día de su 125° aniversario.